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Es preocupante que en nuestros días la calidad de la vida cristiana se haya deteriorado en organizaciones, iglesias, líderes y creyentes en general. Por doquier se manifiesta la doble vida, el doble discurso con un estilo de vida totalmente divorciado de la vida cristiana, contraria a las ideas y el ejemplo original que nos dejó como herencia nuestro Señor Jesucristo.
Hoy, Dios y el mundo están exigiendo de nosotros transparencia, ética, integridad, santidad, verdadera vida cristiana. Sin embargo, ¡Cuán faltos de santidad e integridad estamos! ¿Dónde está la ética cristiana?. El término se ha diluido en el camino, el sistema del mundo nos ha afectado con su filosofía egoísta, vacía, fría, calculadora y ha venido socavando los principios que generan las convicciones cristianas, que a la verdad, es lo único que puede sostenernos en medio de esta debacle espiritual. El pueblo de Israel exigió en el pasado “y seremos también como todas las naciones. Nuestro rey nos gobernará, saldrá delante de nosotros...” 1ra Samuel 8:20. Querer ser como ellos significa obtener su reconocimiento, su aceptación, practicar lo que ellos practican, vivir como ellos viven, tener sus valores y principios. Pero esto es negar nuestra fe, es negar el nuevo nacimiento engendrado por el Espíritu Santo en nuestras vidas, es negar que hemos sido hechos de nuevo, confeccionados por Dios para propósitos que trascienden y que apuntan hacia la eternidad. “si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron...” 2da Corintios 5:17. No se puede amar a dos señores, dos estructuras, porque se amará a uno y se aborrecerá al otro. Creo que la vida cristiana como estructura o forma de vida es suficiente y no necesita nada más (en Cristo estamos completos).
Estoy plenamente convencido de que somos llamados a ser ministros y líderes de excelencia creyentes en la santidad, ética, integridad, transparencia, en una consagración absoluta a Dios y a su Reino. Siempre he creído en una frase que he escuché desde mi juventud: “los peces se mueven en el agua, las aves en los cielos y los ministros del Señor en la Santidad de Dios”. Esta es simplemente la estructura que Dios nos dio. “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” 2da Corintios 7:1.
Dr. Juan Sebastia G.
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