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Hay un par de maneras de tomar decisiones, las hay inmediatas y las de largo plazo. Una decisión inmediata es ¿Me voy de viaje o no? ¿Camino al trabajo o tomo el bus? Las decisiones a largo plazo tienen mayor tamaño e importancia y están compuestas por muchas decisiones pequeñas.
Las decisiones que forman el carácter y encausan el rumbo de nuestras vidas son las de largo plazo.
Al leer la parábola del Hijo Prodigo* podemos ver que él tomó la decisión de alejarse de su padre y hacer su propia vida, pero reflexionando sobre esto noto que uno –en la vida real- no toma ese tipo de decisiones de manera apresurada. Es muy difícil que alguien se levante una mañana con ganas de pedir que le den su parte de la herencia porque se va a un lugar lejano a “conocer mundo”. Ese tipo de decisiones se maquinan prolongadamente y responden a deseos del corazón.
Es probable que el hijo pródigo albergara expectativas que no se cumplieron, quizá pensó durante mucho tiempo que su hermano mayor era el hijo favorito de su padre, de repente tenía caprichos personales que no eran satisfechos en el seno de su hogar. Cada noche al acostarse reflexionaba sobre estas cosas y decía: Algún día me iré de esta casa y verán que soy capaz de arreglármelas solo.
Continuando en el campo de la especulación, es probable que si él hubiera conversado sus inquietudes con su padre, este le hubiera explicado cuál era su pensamiento, quizá si hubiera conversado con su hermano mayor, este le hubiera dicho que más bien estaba sobrecargado de obligaciones y necesitaba un compañero de confianza.
Estas cosas suceden a diario en nuestras vidas. Cada día podemos escoger pensar bien o mal acerca de algo o alguien, extender la mano o recogerla, abrazar o rechazar. Son pequeñas decisiones que hacen una gran diferencia.
Si evaluamos con detenimiento hasta dónde nos puede llevar una actitud o la recurrencia de un pensamiento vamos a tomar mejores decisiones, sin dejarnos llevar por impulsos que nos hagan regresar, más tarde, arrepentidos de nuestra conducta. De repente no es tan difícil que seas el mejor compañero de la universidad o del trabajo, de repente no es tan difícil que seas el amigo más extraordinario que alguien pueda tener.
Si el personaje de nuestra historia bíblica hubiera pensado de manera justa, quizá hubiera sido el hijo prodigio en vez del hijo pródigo.
*Lucas 15: 11
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