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Venezuela,Martes 07 Septiembre 2010

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Un día a la vez PDF Imprimir E-mail
Escrito por German Abreu   

Es frecuente y saludable que, en la mayoría de las cosas que pretendemos en la vida, establezcamos metas. Escribimos en nuestras agendas, marcamos y subrayamos los días, las horas y los momentos. Nos hemos vuelto hábiles proyectando el tiempo, calculamos en función de semestres o trimestres, pensamos en largos o cortos plazos y esperamos que cuando alguien quiere una cita, la solicite con anticipación. Tenemos el tiempo copado.

 

Esto, a pesar de ser bueno, nos mantiene con el cuello erguido mirando la última línea del horizonte esperando por aquellas cosas que anhelamos y no llegan. A veces lo que no llega es un cheque, otras veces es un hijo. A veces no llega la respuesta del seguro pero a veces no llega un abrazo.

Mientras más esperamos algo, más tarda en llegar. Pareciera que el tiempo se relenta y esta angustia afecta la salud, las emociones y los estados de ánimo. ¿Qué tal si confiamos en Dios y vivimos un día a la vez?

¿Es malo planificar? De ninguna manera. El error está cuando nos afligimos porque algunas cosas escapan de nuestro control.

“¿Qué significa la semilla que cae entre los espinos? Es como aquellos que oyen el mensaje, pero dejan que las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas ahoguen el mensaje y no dan fruto.”  Mateo 13: 22 (PDT)

Sería una tremenda pérdida que Dios esté tratando de hablarnos y nosotros no podamos escucharle porque estamos bloqueados. Creemos que lo que estamos esperando es lo justo o lo correcto, que hemos invertido mucho tiempo en algo y esperamos con ansiedad que llegue la retribución. No debemos perder de vista que en la espera hay enseñanzas que pueden mejorar y enriquecer nuestro carácter.

“Los jóvenes se cansan y fatigan; los muchachos quedan exhaustos  y caen. Pero los que tienen su esperanza  puesta en el Señor renovarán sus fuerzas. Les crecerán alas como a las águilas; correrán sin fatigarse, caminarán sin cansarse.” Isaías 40: 30-31
(PDT)

No tiene caso que laceremos nuestro espíritu y perdamos la paz cuando Dios nos invita a descansar en él. Seguramente tienes situaciones difícil y crees que no puedes esperar un día más, pero inténtalo hablando a solas con Dios. Cuéntale lo que él ya sabe pero que quiere escuchártelo decir. Descarga ese peso a sus pies y lleva sólo un pequeño paquete que contiene fe y esperanza.

Deja de recordar cuántas veces has perdonado, cuántas veces te han herido o cuantas veces has dado últimas oportunidades. Deja de mirar los días del calendario y las fechas de la agenda y descansando en Dios comienza a vivir un día a la vez.

“Vengan a mí los que estén cansados y agobiados, que yo los haré descansar. Acepten mi enseñanza y aprendan de mí que soy paciente y humilde. Conmigo encontrarán descanso. Mi enseñanza es agradable y mi carga es fácil de llevar.” Mateo 12: 28-30 (PDT)

 

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